dimarts, 5 d’agost de 2014

DONEU-LOS DE MENJAR VOSALTRES MATEIXOS

Diumenge XVIII, 3 d’agost de 2014
Is 55, 1-3/Sl 144/Rm 8, 35.37-39/Mt 14, 13-21

Avui he rebut un correu electrònic d’una bona amiga qui, treballant per una agència de viatges, ha tingut oportunitat de conèixer creients d’arreu del món. En el seu correu em reenviava un altre que ella havia rebut d’un frare franciscà amic seu que es troba a la Custòdia de Terra Santa, a Jerusalem. Voldria compartir amb vosaltres aquest correu, perquè explica de primera mà, allò que potser no podem saber enmig de tantes notícies que ens arriben d’un conflicte ple d’interessos i amb imatges manipulades per tots cantons. Crec que pot ser millor que un sermó. Estalvio els noms i les coses que són de tipus personal.

De nuevo nos encontramos en otra situación de no paz. No sé si habrá que catalogarla como guerra, pero todo parece que sí. Así que, en mis casi 44 años de presencia en Tierra Santa ésta sería ya la octava, a las que hay que añadir las dos intifadas. ¡Absurdo! Lo que más me preocupa es la situación en la región. El otro día volaron una iglesia nuestra en Siria y todos conocemos las noticias de Iraq, en donde los musulmanes radicales están logrando que no quede un cristiano. ¡Y nuestras sociedades y gobiernos no hacen nada por impedirlo!

¿Cómo estamos viviendo esta situación? Aunque se hable tanto de Gaza y de los misiles, con todas la muertes, en Jerusalén todo está tranquilo pero hay una consecuencia muy importante: No hay peregrinos.  Ello significa que muchos no tienen trabajo; y, a veces, los franciscanos, en su soledad, nos volvemos a sentir "guardianes de monumentos" por muy importantes que sean. Es necesario también reanudar las peregrinaciones y que vuelvan a resonar por las calles de Jerusalén las palabras del Salmista: "¡Qué alegría cuando me dijeron…!". Hay que hacer algo concreto y poner en práctica las palabras de Jesús a sus discípulos: "dadles vosotros de comer" (Lc 9,13). En los 18 primeros días del mes había encontrado a más de 1.000 peregrinos dándoles conferencias. Ahora, no hay nadie. Es el mejor momento para peregrinar, pues no hay esas aglomeraciones casi imposibles.

¿Qué podemos hacer nosotros y vosotros? En primer lugar orar por la paz: "¡Desead la paz a Jerusalén!". Tenemos que orar para que el Señor haga caer todos los muros que separan los pueblos, especialmente los de la intolerancia y del egoísmo, y para que la concordia y el amor puedan reinar en Tierra Santa. Tenemos que ser – a imitación de San Francisco, "hombre de paz y artífice de la reconciliación" – instrumentos de paz. No con grandes discursos, sino con hechos concretos que ayuden en lo posible a aliviar las necesidades de tantos hombres y mujeres. Tendiendo los puentes de la reconciliación y del amor.

Todos debemos anunciar sin temor "el Evangelio de la paz" (Ef 6,15), porque estamos convencidos que Jesús ha venido a unir, no a separar: "Él es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad…para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz…" (Ef 2,14-15). Teniendo presentes a Cristo, nunca caeremos en la tentación de que la paz es una realidad que nunca se podrá alcanzar.

La paz es posible; buscarla es un deber de todos. Aunque a veces, como a Abraham, nos toque esperar "contra toda esperanza" (Rom 4,18). Esto es lo que sucede hoy en Tierra Santa. Cristo, en el Sermón de la Montaña, ha proclamado bienaventurados a "los que trabajan por la paz" (Mt 5,9). ¿Cómo? Repitiendo con San Francisco: "Que donde hay odio, ponga yo amor; que donde hay ofensa, ponga yo perdón...; que donde hay tinieblas, ponga yo luz; que donde hay tristeza, ponga yo alegría".


M’ha arribat aquest correu justament quan em tocaven d’una forma especial les paraules de Jesús, aquest imperatiu que ens diu: Doneu-los de menjar vosaltres mateixos. I em semblava que aquest frare oferia tota una manera de donar de menjar als seus germans israelians, palestins i creients pelegrins de tot el món que allí hi arriben. Un menjar que no queda reduït al pa, sinó que mira tota la persona humana: cos, ànima i esperit (si em permeteu fer servir la divisió clàssica). Ell parla de pregària per la pau, de fer actes concrets de diàleg, d’acolliment... Penso que ens convida, a tots els cristians, a saber donar sempre aquest pa als qui tenim a prop. No és qüestió només de pregar tancats en la nostra cambra (això podria aïllar-nos de la realitat), ni de repartir entrepans només (això ens podria convertir en una ONG de les tantes n’hi ha)... el pa que assacia i alimenta és JESÚS, només els cristians podem oferir-lo, només els cristians podem donar AQUEST PA DE VIDA. Que el Senyor ens faci sempre bons administradors d’AQUEST PA!